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11-M: Un camino sin fin y sin resultados
Gabriel Moris, 27 de abril de 2006
Desde aquel fatídico día en que atentaron y mataron a los pacíficos viajeros de los trenes de la muerte, nuestro camino hacia el calvario se hace eterno, inútil, inexplicable e inconcebible para una mente humana normal, situada en un contexto vital normal.
No entendimos, al menos yo, no entendí, ninguna de las explicaciones que desde la prensa y otros medios de comunicación se nos daban sobre lo ocurrido y sobre las controversias en torno a la autoría o no autoría del crimen más execrable soportado por España y en concreto por unos miles de ciudadanos a los que unía, además de su necesidad de utilizar los trenes, su inocencia para pagar ninguna de las culpas que se nos imputaban a los españoles. Momentos de confusión, momentos de ideas dispersas, momentos difíciles para el razonamiento sereno y ordenado. De algún modo muchas de las cosas que se dijeron, se pensaron, se hicieron, podían haber sido fruto de impulsos que no tenían por qué responder a una lógica, a una planificación, a una respuesta normal, a un hecho que no era normal. Quiero segregar de este juicio sobre el comportamiento de aquellos días, a un sector importante, de personas y profesionales, cuya respuesta fue justo la contraria, es decir, fue una respuesta desde un razonamiento y una espontaneidad pero una respuesta siempre colaboradora para ayudar y para paliar tanto dolor. Podemos afirmar que dicho colectivo, difícil de cuantificar, puso el contrapunto al que parecía ocupado en “otras cosas” distintas a lo que realmente importaba en dicho momento.
De cualquier forma, comienzan las investigaciones en torno al criminal atentado, eso sí, teledirigidas por la prensa y las primeras detenciones que, mas o menos confirman las teorías iniciales sobre la autoría de los atentados. Dichas teorías quedan un poco incompletas, no se avanza seriamente sobre el asunto, ni en la Comisión de Investigación Parlamentaria, ni judicialmente, ni policialmente. Surgen serias dudas sobre los hechos y sobre las pruebas. Se constatan prisas por ir cerrando en falso las versiones y los hechos no probados. El periodismo de investigación comienza, como una necesidad sociológica, ¿A qué obedece esto? A que oficialmente no se informa ni a las víctimas ni a los ciudadanos; la verdad oficial cada vez se muestra menos verosímil y socialmente hay una necesidad de conocer la verdad real de lo ocurrido. Los que exigían la verdad en tres días, de pronto enmudecen, y quieren cerrar a toda costa cualquier atisbo de investigación, al margen de lo difundido por real decreto. Pasa más de un año y se cierra la Comisión de Investigación sin aclarar nada y sin informar sobre las responsabilidades políticas de lo ocurrido. El consenso parlamentario, a excepción de la falta de acuerdo del PP, hace imposible cualquier vía distinta a la trazada desde el poder. Se cometen perjurios, hay incomparecencias, surgen interrogantes pero se huye de toda vía que no sea la oficial. Las víctimas y los ciudadanos no vinculados a grupos políticos no comprenden nada de lo que ha ocurrido ni de cómo se está tratando este asunto. La respuesta generalizada desde el poder es que “hemos de esperar la instrucción del sumario en curso” pero, de entrada, ya se echan en falta declarantes que parece pueden ser importantes en la aclaración de los hechos. Nada de pruebas definitivas, todo sigue como en una nebulosa y, al final, después de mucho forzar el cierre del sumario, el auto de procesamiento, nada claro, muchas vías abiertas o por abrir, pero en concreto, nada de nada, sólo los muertos y poco más. Para colmo de los más de cien detenidos, sólo cuarenta inculpados y de ellos, casi todos confidentes policiales. La sociedad, en parte, está gritando: ¡Tongo! ¡Tongo!.¿Cómo es posible que el atentado ocurriera con esas premisas? Los poderes siguen enrocados y en silencio permanente. No niegan ni afirman pero tampoco se ponen los medios para remediar la situación. Lo que sí parece desmontada por completo es la hipótesis oficial de los atentados... ¿Qué hacer ante esta situación? ¿A qué órganos recurrir?¿ Hay algún órgano nacional o internacional que pueda intervenir? Desde aquí lanzo un SOS a todas las instituciones y personas de bien que lo deseen, que aporten ideas para sacudirnos el yugo que nos atenaza, y poder iniciar unas vías de actuación a nivel político, judicial y policial, que nos puedan aproximar al conocimiento del mayor escarnio cometido contra el pueblo español en una época en que parecía que la vida en democracia se consolidaba como forma de relación en una España que recuperaba su protagonismo como país. Ante estos dos años de investigación sobre los atentados de Atocha, lejos de ir descubriendo la maraña, sentimos que la verdad que creíamos tocar se desvanece, que las dudas se multiplican, que las voluntades para “querer saber la verdad” se transforman en silencios y en apagones informativos. ¿Hay algo que tenga una explicación racional en todo este rocambolesco hecho? Unas instituciones inoperantes y decididas a terminar así todo este macabro acontecimiento y una ciudadanía en parte dormida, en parte miedosa ante el horizonte y en parte cansada de no haber dado ni un paso en la buena dirección para conocer la Verdad, hacer Justicia y prevenir otro 11-M.
Una vez mas lanzo desde estas líneas un mensaje de esperanza: Tanto dolor y tanto esfuerzo realizado por personas de buena voluntad no puede quedar diluido en este ambiente sociopolítico que parece mas que un paradigma de convivencia, una charca pantanosa en la que resulta difícil moverse, vislumbrar horizontes y buscar salidas dignas para un atentado político de este calibre.
El momento en que cometieron los atentados, los que los cometieran y colaboraran, era un momento que, aparte de las protestas por la guerra de Irak(que continúa), venía marcado por una situación en nuestro país que se podría calificar de normal, tirando a buena: “España iba bien” y nadie lo discutía; el paro mejoraba, era evidente; el terrorismo, remitía gracias al Pacto, a la Ley de Partidos y a la acción policial que tenía una eficacia próxima al cien por cien. El presidente Aznar había anunciado su retirada de la presidencia, cosa que se iba a producir, sin ningún trauma. España iba a demostrar que la alternancia en democracia es algo normal: ¡Qué bien nuestra democracia ya adulta!
De pronto, y sin que casi nadie, lo esperara, aparece la bestia negra de terrorismo. Todos dijeron al principio que era el de siempre, ¿cuál si no? Pero algún “iluminado” cambió de opinión y entonces, aparece en escena otro terrorismo casi inédito en España, esta vez no era el “Comando Dixan” pero, al parecer no estaba tampoco muy alejado del mismo. Se realizan detenciones inmediatas y masivas, se empiezan a detener células pero… ¡Oh misterio! Entre los presuntos comandos islamistas empiezan a aparecer nombres de colaboradores, policías que tutelaban a los mismos y a los integrantes de los Grupos de colaboradores.
Inmolados que no aparecen en los lugares del crimen pero que se reúnen y se inmolan en un piso de Leganés un mes después. Se nos rompen todos los esquemas…La política antiterrorista cambia drásticamente, ya no hay necesidad de Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo. ¿Nos hemos quedado sin terroristas de golpe y porrazo? ¿Qué pasa aquí? ¿Alguien puede explicar racionalmente este cambio?
Los mandos policiales durante los atentados son premiados por su comportamiento durante aquellos días…Pero bueno, ¿Algo ha cambiado bajo el sol?...No, es la política… Pero, una política practicada durante ocho años y parcialmente eficaz, ¿Ha quedado ya obsoleta?
De cualquier forma, comienzan las investigaciones en torno al criminal atentado, eso sí, teledirigidas por la prensa y las primeras detenciones que, mas o menos confirman las teorías iniciales sobre la autoría de los atentados. Dichas teorías quedan un poco incompletas, no se avanza seriamente sobre el asunto, ni en la Comisión de Investigación Parlamentaria, ni judicialmente, ni policialmente. Surgen serias dudas sobre los hechos y sobre las pruebas. Se constatan prisas por ir cerrando en falso las versiones y los hechos no probados. El periodismo de investigación comienza, como una necesidad sociológica, ¿A qué obedece esto? A que oficialmente no se informa ni a las víctimas ni a los ciudadanos; la verdad oficial cada vez se muestra menos verosímil y socialmente hay una necesidad de conocer la verdad real de lo ocurrido. Los que exigían la verdad en tres días, de pronto enmudecen, y quieren cerrar a toda costa cualquier atisbo de investigación, al margen de lo difundido por real decreto. Pasa más de un año y se cierra la Comisión de Investigación sin aclarar nada y sin informar sobre las responsabilidades políticas de lo ocurrido. El consenso parlamentario, a excepción de la falta de acuerdo del PP, hace imposible cualquier vía distinta a la trazada desde el poder. Se cometen perjurios, hay incomparecencias, surgen interrogantes pero se huye de toda vía que no sea la oficial. Las víctimas y los ciudadanos no vinculados a grupos políticos no comprenden nada de lo que ha ocurrido ni de cómo se está tratando este asunto. La respuesta generalizada desde el poder es que “hemos de esperar la instrucción del sumario en curso” pero, de entrada, ya se echan en falta declarantes que parece pueden ser importantes en la aclaración de los hechos. Nada de pruebas definitivas, todo sigue como en una nebulosa y, al final, después de mucho forzar el cierre del sumario, el auto de procesamiento, nada claro, muchas vías abiertas o por abrir, pero en concreto, nada de nada, sólo los muertos y poco más. Para colmo de los más de cien detenidos, sólo cuarenta inculpados y de ellos, casi todos confidentes policiales. La sociedad, en parte, está gritando: ¡Tongo! ¡Tongo!.¿Cómo es posible que el atentado ocurriera con esas premisas? Los poderes siguen enrocados y en silencio permanente. No niegan ni afirman pero tampoco se ponen los medios para remediar la situación. Lo que sí parece desmontada por completo es la hipótesis oficial de los atentados... ¿Qué hacer ante esta situación? ¿A qué órganos recurrir?¿ Hay algún órgano nacional o internacional que pueda intervenir? Desde aquí lanzo un SOS a todas las instituciones y personas de bien que lo deseen, que aporten ideas para sacudirnos el yugo que nos atenaza, y poder iniciar unas vías de actuación a nivel político, judicial y policial, que nos puedan aproximar al conocimiento del mayor escarnio cometido contra el pueblo español en una época en que parecía que la vida en democracia se consolidaba como forma de relación en una España que recuperaba su protagonismo como país y que consolidaba un grado de participación en el concierto internacional, adecuado a su devenir histórico.
Durante estos dos años de investigación sobre los atentados de Atocha, lejos de ir descubriendo la maraña, sentimos que la verdad que creíamos tocar se desvanece, que las dudas se multiplican, que las voluntades para “querer saber la verdad” se transforman en silencios y en apagones informativos. ¿Hay algo que tenga una explicación racional en todo este rocambolesco hecho? Unas instituciones inoperantes y decididas a terminar así todo este macabro acontecimiento y una ciudadanía en parte dormida, en parte miedosa ante el horizonte y en parte cansada de no haber dado ni un paso en la buena dirección para conocer la Verdad, hacer Justicia y prevenir otro 11-M.
Una vez mas lanzo desde estas líneas un mensaje de esperanza: Tanto dolor y tanto esfuerzo realizado por personas de buena voluntad no puede quedar diluido en este ambiente sociopolítico que parece mas que un paradigma de convivencia, una charca pantanosa en la que resulta difícil moverse, vislumbrar horizontes y buscar salidas dignas para un atentado político de este calibre.
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