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 Asunto: Columnas, artículos y lecturas de Gabriel Moris en prensa
NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 7:39 pm 
PDF: Columnas, artículos y lecturas de Gabriel Moris


Con vuestra colaboración me gustaría ir recopilando en este hilo todos los artículos y columnas de D. Gabriel Moris en medios digitales y/o impresos. También las lecturas que Gabriel ha hecho en concentraciones y manifestaciones.

Necesito los artículos, la fecha de edición y a ser posible un hipervínculo.

No os preocupéis por el orden, que ya lo recoloco yo aquí en el índice:





Slds.


Última edición por Trico el Dom Dic 07, 2008 9:47 pm, editado 38 veces en total

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 Asunto:
NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 7:42 pm 
Queremos saber toda la verdad

Gabriel Moris, 31 de diciembre de 2007

http://www.asturiasliberal.org/colabora ... rdad_2.php

Al final del año 2007, casi cuatro años después de la masacre de Atocha, creo que es de justicia hacer un balance de lo que se ha hecho y lo que se ha dejado de hacer por esclarecer el mayor atentado terrorista de la historia de España y de Europa. Máxime, cuando el terrorismo y sus acciones ocupan, casi a diario, los informativos de nuestro país y de todo el mundo.

No creo necesario advertir que cada acto terrorista reviste unas circunstancias especiales y específicas, no obstante; se pueden advertir algunos paralelismos entre ellos. Durante los dos últimos meses, hemos podido conocer y también revivir todo tipo de informaciones relacionadas con el mundo del terrorismo y sus horribles consecuencias. Hemos sufrido atentados terroristas con y sin pérdidas de vidas humanas en España. Hemos conocido nuevas masacres terroristas en Argelia y Pakistán, por citar algunos países. También hemos podido conocer sentencias derivadas de actos terroristas, así como amenazas, extorsiones, actos callejeros etc. Todo ello, desde mi punto de vista, no confirma que el terrorismo haya pasado a ser en nuestro país, un asunto relegado a la quinta posición en nivel de interés por parte de los españoles; si así lo fuera, sería un indicador de que tres o cuatro asuntos de interés general, han relegado a dicha posición a un tema muy importante para los españoles, es decir, que la calidad de vida en España se deteriora a marchas forzadas. No creo que pueda haber interés más lógico y natural que el conservar la propia vida.

Me gustaría hacer un esfuerzo para desvincular las elecciones legislativas, del próximo mes de marzo, de las acciones y la vida del terrorismo pero, sinceramente, me resulta muy difícil conseguirlo. En primer lugar, se oyen comentarios, de que los partidos políticos, los mismos que tienen el deber de proteger nuestra seguridad y nuestras vidas frente al terrorismo, quieren eliminar al mismo del debate electoral. ¿Cabe mayor afrenta y desprecio hacia las víctimas y hacia los ciudadanos cuyas vidas deben proteger de los actos terroristas? ¿No es importante para ellos el plasmar por escrito lo que piensan hacer para que el terrorismo no marque la agenda ni las acciones de gobierno en un país democrático, al menos en teoría? ¿No es importante para ellos el plasmar por escrito lo que piensan hacer para que el terrorismo no marque la agenda ni las acciones de gobierno en un país democrático, al menos en teoría?


La composición actual de nuestra cámara legislativa es fruto de un atentado terrorista; importantes acciones de gobierno, aún en vigor, relacionadas con el terrorismo, están supeditadas a las exigencias de grupos políticos cuya acción se sustenta en el terror, ¿con estos antecedentes nos quieren hurtar el debate sobre el terrorismo? Otra cosa distinta es que dejen de utilizarnos a las víctimas como elemento de renta política. Eso sí sería una decisión noble.

Aún se oyen los ecos de los atentados del Corredor del Henares: “Queremos saber la verdad” “España no se merece un gobierno que nos mienta” ¿Creen nuestros políticos, los salidos de aquellos gritos, que esas preguntas han encontrado respuesta al día de hoy? En una reciente encuesta, el 73 % de los ciudadanos piensan que debía continuarse la búsqueda de la verdad del 11-M ¿Piensan dichos políticos que con lo hecho conocemos la verdad, se ha hecho justicia, se han sanado las heridas y se ha aplicado una política de prevención eficaz contra el terrorismo?

De entrada hemos de advertir que con la actual política sobre terrorismo estamos en la siguiente situación. Respecto al atentado del 11-M podemos hacer algunas observaciones que pueden dar respuesta a la pregunta anterior:

- Aparte de los tres condenados en el primer juicio los inculpados eran 110.
- ¿Conocemos los móviles de la masacre?
- ¿Se han confirmado las hipótesis iniciales?
- ¿Sabemos realmente quién o quiénes ejecutaron el atentado? Jamal Zougham, en solitario, ¿pudo poner los artefactos y matar a casi 200 personas dejando heridas a casi 2000?
- ¿Desde cuándo están suspendidas las investigaciones policiales sobre el caso? ¿O siguen dichas investigaciones? ¿Han dado algún fruto hasta hoy?
- ¿Se han depurado las responsabilidades políticas de la masacre?
- ¿Cómo se piensa abordar esta incógnita?
- ¿Se piensa crear una Comisión de Investigación independiente o una comisión de la Verdad? ¿Con qué garantías?
- ¿Qué se piensa hacer para descubrir a los inductores de dicha masacre?
- ¿Son fiables las instancias judiciales después de lo visto hasta hoy?
- ¿Se han definido los beneficiarios de la masacre? Sería un buen método de investigación el partir de unas hipótesis al respecto o de unos indicios. Supongo que lo hecho hasta ahora se ha basado en indicios o pruebas indiciarias.

Todo lo que antecede es sólo una muestra del balance y de las previsiones de futuro que esperamos de nuestros próximos representantes políticos. ¿Es mucho pedir o es lo que deben darnos sin que los ciudadanos lo exijamos?

Si analizamos la trayectoria seguida en la lucha contra ETA podríamos llegar a formularnos preguntas para las que los ciudadanos no tenemos respuestas al día de hoy. Creo que caben dos alternativas: o se vuelve a la política que dio buenos resultados o se nos explican las bondades de una política de negociación y de acuerdos con los terroristas y sus apoyos políticos.

Reseñemos algunos ejemplos de noticias que nos permitan aprender de los errores.

En el ámbito judicial tenemos tres ejemplos que pueden ayudarnos a reflexionar sobre el futuro:

- El juicio al entorno de ETA

- El atentado de Omagh

- El juicio a los secuestradores de Publio Cordón

El primer caso parece claro que puede ser un buen ejemplo de aplicación de la justicia a los apoyos necesarios para una organización terrorista. El atentado de Omagh, al parecer, no fue cometido por ninguno de los presuntos terroristas. Y en el caso de Publio Cordón algo similar a éste.

Dos atentados de corte islamista:

- El desdichado atentado de Argel. Al parecer fue un atentado suicida contra civiles.

- El atentado de Pakistán. Un atentado contra una candidata en un proceso electoral, posiblemente enmascarado con un atentado suicida e indiscriminado (al día de hoy son sólo hipótesis). Los disparos ponen en tela de juicio la autoría por terroristas suicidas. Las fechas y el objetivo ponen de manifiesto el interés de los terroristas por incidir en el proceso electoral.

Interesantes puntos de convergencia y divergencia con los atentados del 11-M ¿No? La cuestión radica en saber cómo los políticos que salgan del 9-M van a abordar las deudas que los salientes tienen para con las víctimas del terrorismo y para con la sociedad que los eligió. Trabajo no falta para la nueva legislatura. Si se enmiendan los yerros cometidos hasta hoy, España podría volver a un período de mejora de la confianza y de la convivencia entre todos; si seguimos por el camino actual, las perspectivas no resultarán muy halagüeñas. Por ello, “queremos saber toda la verdad”.


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NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 7:44 pm 
Gracias por la respuesta de la Audiencia Nacional

Gabriel Moris, 10 de diciembre de 2007

http://www.asturiasliberal.org/colabora ... naci_2.php


No hace mucho que, a modo de desahogo, escribía en alguno de los medios de comunicación que acogen mis escritos, una serie de preguntas en torno a los atentados del Corredor del Henares. Estas preguntas tenían un carácter más bien genérico con el fin de invitar a los representantes de los poderes públicos a desvelar algunos de los muchos misterios en que estamos sumidos a raíz del 11-M.

Dichas preguntas encontraron una buena acogida entre ciudadanos de bien y ellos mismos se atrevían a reformularlas como propias. Las personas y las entidades a las que iban dirigidas, o no las leyeron, o no tenían respuesta para ellas, o lo que sería peor, no quisieron darse por aludidos por las razones que fueran; yo me pongo en la peor de las razones, y explico el por qué a continuación:

Cuando me publican algún artículo sobre el 11-M en los foros de opinión, casi de forma sistemática, aparecen intervenciones, rebatiendo alguno de mis argumentos, parece como si se tratara de profesionales de la polémica más que de buscadores de la verdad, algunos incluso revisten sus intervenciones con cierto espíritu de conmiseración por mi condición de víctima de dicho atentado.

Yo les agradezco su buena fe pero no es exactamente eso lo que pido. A Dios gracias, tengo buenos amigos y personas allegadas que, desde el cariño y la convivencia, rellenan esos huecos que las heridas del mal dejan en sus víctimas directas y en las que, por solidaridad, terminan siendo víctimas como nosotros, de los atentados que a otros benefician, al menos aparentemente. Por otra parte, las informaciones oficiales sobre este asunto, prácticamente no han existido y las noticias que aparecen en los medios de comunicación “oficiales”, desde mi punto de vista, van más encaminadas a confirmar lo que nos contaron que a aclarar lo inexplicable.

Para confirmar mis afirmaciones he de confesar que yo supe el tren en que viajaba mi hijo por una información de viva voz dada por un policía cuando recogimos en IFEMA parte de los objetos personales que recuperamos. Creo que lo normal hubiera sido recibir dicha comunicación por un procedimiento formal. Yo soy consciente que dicho atentado superó todas las previsiones pero, cuando hay voluntad de hacer una cosa bien, tarde o temprano se consigue.

Las víctimas hemos sido las grandes desinformadas de los trabajos realizados en torno a las investigaciones. Para colmo, durante el proceso de instrucción, se nos ha dificultado al máximo lo que en cualquier procedimiento hubiera sido normal, colaborar en la investigación de los hechos; máxime, cuando se admitían los indicios y las pruebas más inverosímiles que uno pueda imaginar sin pestañear por parte del Juez Instructor y de la Fiscalía.

Hace unos días recibimos una carta certificada de la Audiencia Nacional en la que se nos informaba oficialmente del resultado de la sentencia. Nuestro agradecimiento por dicha información. No obstante, una vez más apreciamos, al menos por mi parte, una separación entre lo que esperábamos y seguimos esperando de la Justicia y lo que, al día de hoy se nos ha dado. Yo no quiero hacer un juicio técnico de la misma ya que carezco de formación para ello, pero sí me encuentro capacitado para hacer un juicio desde la lógica sobre los resultados de dicha sentencia:
Desde mi lógica, como víctima, no puedo entender que se condene sin conocer los motivos de los atentados y todos los hechos que desembocaron en los mismos: organización, planificación, arma utilizada, financiación, pruebas sin validar etc.

Tampoco se entiende fácilmente cómo personas que colaboraron en los mismos hechos, o en hechos similares, sean tratadas de forma tan diferente en la sentencia (Suárez Trashorras y su cuñado, o el mismo y Rafá Zouhier). Resulta chocante que sólo tres personas fueran autores materiales, uno por colaboración necesaria (Suárez Trashorras), otro por colaboración en el transporte de explosivos (Otman el Gnaoui) y otro por haberlo identificado en los trenes en dicha mañana (Jamal Zougham).

¿Sólo esos personajes fueron capaces de explosionar cuatro trenes? También resulta difícil de comprender que el huido del piso de Leganés salga tan bien parado de la sentencia cuando se nos dice que los que murieron en Leganés eran autores materiales.

Estos son sólo unos ejemplos de las incongruencias que se perciben haciendo un análisis a “vista de pájaro” de la sentencia. Seguro que hay elementos procesales para justificar punto por punto el contenido de la misma, pero quiero que se me permita una reflexión para ajustar el derecho a la lógica de los hechos que conocemos con bastante imprecisión y quizás con inexactitud.

Lo que nosotros, las víctimas hemos deseado y reclamado, es otra cosa distinta a la que nos han dado hasta hoy:

- Queremos saber quién ideó el atentado
- Para qué se cometió dicha masacre.
- Por qué no se evitó y quienes fueron los responsables de ello.
- Por qué no se han desvelado todas las pruebas: tipo de explosivo y de artefactos.
- Queremos conocer el camino del crimen y de los criminales.
- Queremos desvelar las razones por las que una parte de los poderes públicos y de los medios de comunicación se oponen a conocer toda la verdad.

Una vez más me atrevo a afirmar que la tan deseada unidad de la sociedad española no será posible sin el conocimiento de la verdad del 11-M y la reconciliación de todos por la aplicación de la justicia.

Para conseguir eso, la respuesta que tenemos al día de hoy es insuficiente. No olvidemos que, como yo, piensan el 73 % de los españoles. La soledad de la reciente “manifestación unitaria” puede que, en parte, guarde relación con mis afirmaciones anteriores.

Si en democracia, el pueblo deja de confiar en sus representantes podemos estar provocando otra masacre en la vida democrática del país, incluso de manera involuntaria.


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NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 7:58 pm 
Envidia sana

Gabriel Moris, 13 de junio de 2008

Como muchos ciudadanos saben yo soy víctima del terrorismo desde el once de marzo de 2004. Como todas las víctimas, no lo soy de forma voluntaria pero sí de forma permanente, de por vida. ¿Alguien puede experimentar el ser víctima sin serlo? Creo que no; en cambio sí hay muchos que se atreven a opinar sobre nuestra condición, incluso achacándonos lo que no somos ni hacemos ni deseamos para nosotros ni para los demás. Nuestras credenciales llevan una posdata que se fundamenta en nuestra permanente renuncia a la revancha y en nuestra continua exigencia de verdad y de justicia para con los atentados terroristas y sus actores.

Según palabras de un importante hombre que vivió hace veinte siglos, intento practicar el lema “no juzgues y no serás juzgado” pero dicho lema creo que se refería a emitir juicios temerarios, no a enjuiciar los hechos que acaecen en nuestra vida cotidiana. El fue el primer crítico con unas normas de vida que, a pesar de su arraigo en la condición humana y en la sociedad de cualquier país y época, no son ciertamente
paradigmáticas de la lógica ni del bien común.

Me atrevería a decir que en los atentados del 11-M sólo hubo dos colectivos que hicieron bien su cometido: los criminales, dado que consiguieron y siguen consiguiendo plenamente sus objetivos, y las personas que colaboraron y colaboran de manera profesional, más o menos voluntaria y sincera en paliar las consecuencias del atentado y en esclarecer los hechos. De cualquier forma, creo que, cuatro años después, sabemos poco o nada de lo que ocurrió en los atentados del Corredor del Henares. Pero, desgraciadamente ocurrieron y algunos sufrimos las consecuencias de por vida.

Alguien puede pensar que las cosas están claras y que la Justicia ya ha hecho lo que debía pero con seguridad que los que así piensan opinarían de forma distinta si hubieran perdido un ser querido o si tuvieran la certeza de que un atentado similar podría afectarles como nos afectó a nosotros. Esa experiencia la hemos vivido todas las victimas antes de pasar a engrosar dicho colectivo.
Analizando fríamente la situación por la que pasa el análisis y los resultados de las investigaciones y el juicio del 11-M, me resulta inevitable establecer una comparación con dos hechos, que sin ser fruto de acciones terroristas, sí son igualmente reprobables y han tenido una fuerte repercusión informativa. Me refiero al incendio de Guadalajara y al asesinato de Mari Luz, la infortunada niña asesinada en Huelva. Insisto en que, según mi opinión, ambos casos son de naturaleza muy distinta a los atentados que produjeron la mayor masacre de nuestra ya larga vida en democracia.

Ambos casos provocan en mí una sana envidia como víctima del terrorismo del 11-M:

En el caso del incendio de Guadalajara, al parecer, empieza a vislumbrarse algo de luz pues en el juicio que ha tenido lugar se han detectado indicios de una actuación negligente por parte de los responsables políticos que tenían el deber de gestionar la extinción del incendio. También se habla de una posible reapertura de la Comisión de Investigación Parlamentaria para aclarar las responsabilidades políticas en el mismo. Todo ello, según tengo entendido, es fruto de la unidad, el esfuerzo y el tesón de las víctimas de dicha catástrofe. En el caso del 11-M pienso que nos conformaríamos con obtener resultados similares a los del incendio donde, en principio, no hubo voluntariedad por parte de los que lo provocaron.

Respecto al caso Mari Luz. Los padres han llevado a cabo una recogida de firmas para adecuar la legislación a la erradicación de que aparezcan crímenes por causas similares a las del asesinato de la niña. La sociedad civil y las altas instancias del Estado han apoyado la campaña de los padres para facilitar la prevención de nuevos casos similares al de su hija. Igualmente, preparan una manifestación masiva para pedir la no prescripción de los delitos de pederastia.

Justo este deseo coincide con el de muchas víctimas del 11-M, y del terrorismo en general, la no prescripción de delitos y el que se puedan evitar nuevos atentados en los trenes o en otros lugares, cosa que al día de hoy no resulta evidente. Unos padres de familia, ¿pueden tener más fuerza y capacidad de reacción que varios miles de familiares de víctimas del 11-M? ¿No operan en la misma sociedad y en el mismo Estado de Derecho? ¿Cuál es la diferencia entre un caso y el otro?

No soy envidioso ni me gustaría practicar dicho vicio pero no me importa serlo si con esa envidia contribuyo a esclarecer lo ocurrido el 11-M, a hacer justicia y a prevenir la repetición. Con nuestro encierro en nosotros mismos no hacemos nada útil ni para nosotros ni para la sociedad. Recuerdo un verso que me envió un amigo argentino cuando tuvo lugar el atentado: “…No caigas en la soberbia tentación de estar solo”. ¡Ojalá nunca caiga en dicha tentación!


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NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 8:01 pm 
Silencio, ocultación y olvido

Gabriel Moris, 23 de mayo de 2008

http://www.libertaddigital.com//opinion ... ido-43719/

Ya han transcurrido cincuenta meses desde el atentado que cambió la vida de miles de personas y el rumbo de España. Si pusiéramos en una balanza las consecuencias personales y públicas nos resultaría muy difícil comprobar hacia qué lado se inclinaría. A las víctimas nos pesan más las personales, lo que no impide que seamos conscientes de que a nivel público las consecuencias de los crímenes de marzo de 2004 resultaron de una magnitud muy superior a la de otros acontecimientos de naturaleza semejante. Es lo que pretendieron y consiguieron los que, precisamente aquella mañana, no cualquier otra, aquélla, decidieron asesinar a mansalva. Pueden sentirse satisfechos. España aún padece las consecuencias del 11-M. Y no dejará de padecerlas mientras no seamos capaces de saber quiénes, cómo, por qué y para qué causaron tanto sufrimiento.

De no conseguirlo, España vivirá en una permanente convulsión a pesar de que algunos pretendan que el olvido nos sirva para sobrevivir en medio de una tranquilidad sólo aparente. El subconsciente no nos permitirá recuperar la paz perdida. Las conciencias individuales atienden a la psicología de cada individuo y a sus creencias. Lo que resulta mucho más difícil de analizar –máxime en una reflexión a vuelapluma como la que intento hacer– son las consecuencias a nivel colectivo (políticas, sociales, convivenciales...).

A pesar del tiempo transcurrido todos mantenemos en nuestras retinas y en nuestros oídos las imágenes y los sonidos de entonces. Las palabras que aquel crimen de lesa humanidad provocó en todos los rincones del planeta. Si comparamos aquel derroche de noticias y de análisis con el silencio más o menos impuesto que vivimos hoy, podríamos creer que lo que explica éste sólo puede responder a una motivación irracional provocada por el miedo a que se ponga en peligro lo que algunos entienden como tranquilidad social.

En muchas ocasiones me pregunto si fueron espontáneas las numerosísimas manifestaciones de entonces. También si es espontáneo el silencio de hoy. ¿Ambas actitudes responden a un comportamiento previsible de los seres humanos? ¿O acaso se explican en el éxito de una manipulación colectiva de la que no nos hemos librado ni los que padecemos las más terribles consecuencias? La experiencia nos enseñó que no son pocos los que están en disposición de ocultar la verdad; sin embargo, el olvido que nos condujo al silencio creo que únicamente se puede explicar si responde a las facultades de mentes que no son siempre fáciles de manipular.

¿Qué extraño sortilegio ha servido para que incluso las víctimas sigamos asistiendo impasibles a la total manipulación de los hechos que nos causan tanto sufrimiento? ¿De dónde proceden las fuerzas que nos inmovilizan como individuos y como sociedad? ¿Tienen su origen en los aledaños de los terroristas o en las cercanías de nuestros "ángeles custodios"? Allá cada cual con su respuesta. Pero al menos yo jamás creeré que procedan de los "idus" de aquel trágico marzo de 2004... Estoy convencido de que provienen de los "contra-idus".

En cualquier caso, y nos llegue desde donde nos llegue, no podemos negar que nos acompaña un silencio tan injusto como el dolor que nos causa. Y no me conformó a vivir con él. Todos, sin excepción, necesitamos reflexionar sobre lo que ocurrió, sobre cómo nos comportamos entonces, sobre cómo nos comportamos ahora, sobre lo que se nos ofreció y se nos ofrece como información veraz... No podemos dejar de preguntarnos si nuestro dolor se puso al servicio de miserables sin escrúpulos. Si de nuestro sufrimiento otros muchos sacaron ventaja.

Si después de reflexionar llegásemos a la conclusión de que tanto los ciudadanos como sus servidores públicos han cumplido con su deber, podríamos descansar; no del sufrimiento, pero sí de la espantosa duda que lo acrecienta. Pero de no ser así, de llegar a la conclusión contraria, no nos quedaría más remedio que reconocer que es mucho lo que tendremos que cambiar en nosotros mismos para que no tarde el día en que la memoria, la dignidad y la justicia sean algo más que tres sueños inalcanzables para las víctimas de los crímenes de marzo de 2004.


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NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 8:02 pm 
Gobernar sin los ciudadanos

Gabriel Moris, 29 de abril de 2004

http://www.libertaddigital.com//opinion ... nos-43314/

Quisiera centrar la reflexión en torno a la gran masa de ciudadanos. Esta masa la conformamos cuantitativamente la inmensa mayoría de los censos electorales, por tanto debe ser representativa de la colectividad. Me refiero a los ciudadanos que vivimos de nuestro trabajo, que llevamos una vida casi anónima, que somos buenos consumidores de todo lo que la sociedad del bienestar nos pone delante y que servimos de sostén a todo el entramado social, político, económico, etc.

En una buena práctica democrática ese tejido social debe ser, en buena parte, el destinatario de la acción política, por dos razones fundamentales. Primero, porque la democracia debe basar su fundamento en el servicio a las mayorías, sin detrimento del respeto a las minorías. Y segundo, porque desde un punto de vista de praxis electoral y marketing político esta masa de ciudadanos es un buen granero de votos sobre los que ejercer la acción política. Esto último no invalida la racionalidad que las mayorías anónimas suelen dar a determinados asuntos sometidos a debate. No en vano se dice vox populi vox dei.

Pues bien, todo esto que a cualquier ciudadano le resulta de una lógica aplastante, cuando debe traducirse en políticas reales y en acciones de gobierno derivadas de dichas políticas, no resulta tan evidente o, mejor dicho, no se tiene en cuenta. El caso extremo lo encontramos cuando el incumplimiento se traduce en actuaciones contrarias a las inicialmente prometidas.

Un ejemplo puede ayudarnos a comprender el razonamiento que antecede: Hoy he escuchado en la radio un comentario sobre promesas electorales cumplidas en plazo o antes de los plazos fijados y el locutor ha recordado la famosa frase de Tierno Galván de que "las promesas electorales se hacen para no cumplirlas"; esta frase, que en el fondo tiene un matiz algo sarcástico, puede resultar patética cuando se lleva a la realidad. Todos recordamos las frases que los ciudadanos coreaban después del tristemente recordado 11-M. "Queremos saber la verdad", "España no se merece un gobierno que nos mienta" Aquellas frases, que sin duda dieron sus frutos electorales, han sido olvidadas por los políticos que elegimos en la luctuosa jornada electoral del 14-M y en la posterior del 9-M.

Pasada la legislatura que nos iba a llevar a conocer la verdad del atentado que se perfila como el mayor golpe de estado de nuestra historia reciente, y en los albores de la nueva, en que se vislumbra la misma tónica, seguimos sin ver la posibilidad de conseguir unas instituciones responsables, limpias, transparentes, veraces, honestas. Creo que la ciudadanía, al hacer un balance total o parcial de la legislatura, la percibe como un fraude electoral y como un golpe de gracia a la democracia que entre todos hemos construido. Al día de hoy, con una sentencia que en breve será firme, no conocemos nada del atentado que aún convulsiona a España.

Ante todo este fraude y este despropósito, ¿qué puede hacer el pueblo que elige a dichos representantes? Si el Estado de Derecho no defiende a los ciudadanos que lo sustentan y permite la consumación del fraude electoral, la única alternativa del pueblo consiste en echarse a la calle para reclamar aquello a lo que tiene derecho: la verdad y la justicia que le niegan sus propias instituciones. Seguro que antes o después lo conseguiremos.

En estas fechas de recuerdo de aquel dos de mayo, se nos hace más fácil de entender la reacción de un pueblo que se sintió abandonado por sus representantes, y lo que es peor, vendido al enemigo que lo invadió. Que la historia nos sirva para evitar caer en los errores vividos.


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NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 8:05 pm 
Los explosivos que matan

Gabriel Moris, 24 de marzo de 2008

http://www.libertaddigital.com//opinion ... tan-42690/

Coincidiendo con los días grandes de la Semana Santa, hemos vuelto a sufrir los estragos de una explosión planificada y ejecutada por terroristas. Puede que también negociadores, pero siempre terroristas. No lo es sólo el que coloca, explosiona y celebra las consecuencias de sus actos vandálicos. Lo son también los que conciben, planifican, ordenan y explotan el éxito de sus acciones. Entre ellos encontraremos a los que poco después de multiplicar el dolor negociarán con los que se presten a escuchar sus demandas. Primero la bomba. Después, y con más fuerza, la negociación.

En cualquier caso, con negociación o sin ella, se supone que corresponde a nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad prevenir, minimizar y tratar de eliminar los riesgos. Dentro de esas acciones está la de identificar la naturaleza y el tipo de artefactos del que se sirven los terroristas para convertirnos en sus víctimas, en algunos casos, como en el mío y en el de mi familia, para el resto de nuestras vidas.

No obstante, y por desgracia, a pesar de que los españoles hemos acumulado una gran experiencia en la lucha contra el terrorismo, no siempre hemos podido acertar en el reconocimiento de la naturaleza de lo que tanto daño causó y causa. Como habrán podido suponer, me refiero a lo que no puedo olvidar. Según la sentencia que no logró explicarme qué asesino a mi hijo, "no conocemos el tipo de explosivo que se utilizó en los trenes, pero procedía de Mina Conchita". Sin embargo, a mi juicio tenía que haber reflejado que no ha quedado probado que la Goma 2 ECO que encontramos en la instrucción sirviese para volar cuatro trenes en Madrid.

Es cierto que se dispuso de mucho tiempo y de suficientes medios para conocer la naturaleza del explosivo del 11-M, pero parece que también lo es que no se quisieron utilizar. Tras el más salvaje atentado que hemos sufrido, se perpetraron, al menos, otros tres en los que se utilizaron explosivos:

En el atentado de la T-4 se cifró la cantidad éste en unos quinientos kilogramos. La naturaleza del mismo era, según la información periodística, una mezcla de amonal o amosal con un explosivo tipo C-4 a base de hexógeno.
El atentado del cuartel de la Guardia Civil de Durango, del que desconozco el explosivo utilizado.
Y el de la pasada semana en Calahorra.
Por tanto, en todos los atentados posteriores al 11-M, o se conoce con precisión el tipo de explosivo o se conocerá a no tardar mucho. Sin embargo, en ninguno de estos tres casos resultaba urgente y necesario reconocerlo. Al contrario de lo que ocurrió hace cuatro años, ahora nadie cuestiona la autoría.

Si mi afirmación anterior no es errónea, comprenderán que sienta la necesidad imperiosa de que alguien –del Gobierno o los gobiernos en funciones, del Parlamento, del Ministerio del Interior, del Poder Judicial o de quien demonios deba hacerlo– me explique los motivos por los que en un atentado de ese calibre, y después de

tanto tiempo, no se hayan hecho públicas las razones que nos han impedido conocer qué sirvió para causar tanto mal.

No nos vamos a conformar con que nos digan que la razón de tan descomunal desconocimiento responde a una de las muchas casualidades que según nos cuentan coincidieron en el 11-M. Al menos se nos reconocerá el derecho a identificar a quiénes, cuándo, y cómo incurrieron en las negligencias que nos han conducido a un callejón del que nadie nos muestra la salida. Alguien tendrá que contarnos qué castigo se impuso a los que aún no sabemos por qué nos impidieron conocer lo que en cualquier otro atentado se conoce a las pocas horas. Entre otras muchísimas dudas, convive conmigo la que se refiere a la decisión de ocultar los explosivos utilizados. ¿Quiénes lo decidieron? ¿Los autores de la masacre? ¿O acaso los que dicen que la investigaron?

Los que tienen la obligación de responder juraron decir la verdad. Los que sufriremos el resto de nuestra vida por los crímenes de marzo no olvidaremos su juramento. No podríamos. No nos servirán justificaciones más o menos técnicas que traten de explicar lo inexplicable.

La cantidad de explosivo utilizado en los trenes fue estimada en más de cien kilogramos y los restos del mismo se depositaron en superficies metálicas, vidrios, tejidos y plásticos. En dichas superficies no resulta difícil localizar y tomar las muestras depositadas.

En el atentado de la T-4 la gran masa demolida correspondía a materiales de construcción que pesaban toneladas, y sin mucha dificultad se pudo identificar la naturaleza del explosivo utilizado; es más, se dispuso de doscientas muestras para analizar. Sin embargo, en el caso de los trenes sólo se presentaron para analizar veintitrés muestras lavadas y sin sustrato suficiente. Es decir, no válidas analíticamente y sin que constara su cadena de custodia.

Creo que las comparaciones que he expuesto servirán para que cualquier persona honrada y con un mínimo de sentido común entienda que sean muchas las víctimas que, a pesar de la paciencia que han demostrado, crean que en las estaciones de El Pozo, de Atocha y de Santa Eugenia se obedeció desde el primer instante la orden de impedir que se conociera la naturaleza de los explosivos.

No tengo ningún inconveniente en confesarme hombre de fe que tiene como compañera inseparable a la esperanza. Ni el silencio ni el olvido ni las respuestas sin sentido impedirán que algún día sepamos quiénes y con qué destrozaron nuestras vidas. Que no lo olviden los que saben qué pasó en Madrid en la mañana del segundo jueves de marzo de 2004. El hombre es mucho más que un premio e infinitamente más que un ascenso. Todos conocemos la historia de Judas Iscariote. El remordimiento le llevó a devolver el dinero que le dieron por entregar a un inocente y ni siquiera así no pudo soportar el peso de su arrepentimiento. Permítanme recordar a quien corresponda la letra de una toná referida a Jesús y a Judas:

El mismo que te vendió,
murió de remordimiento.
Fue tan grande su traición
que de tanto sentimiento,
pudo alcanzar tu perdón.


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NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 8:06 pm 
Cuarto aniversario de la masacre del 11-M

Gabriel Moris, 12 de marzo de 2008

http://www.libertaddigital.com//opinion ... 1-m-42475/

Buenas noches a todos.

Muchas gracias por no olvidaros de las víctimas y brindarnos siempre vuestro apoyo.

Como podéis suponer hubiéramos preferido no estar aquí, pero por desgracia nos sobran razones para recordar lo que ocurrió cuatro años atrás y para exigir lo que en justicia nos corresponde y aún no se nos ha ofrecido.

Estamos aquí porque unos desalmados de los que aún desconocemos sus nombres perpetraron el atentado terrorista más monstruoso que se ha sufrido en la Europa Comunitaria.

Estamos aquí con intención de rendir el justo homenaje a las víctimas de aquella masacre y para que los que creamos en Dios podamos pedirles por ellas.

Estamos aquí porque cuatro años después, nuestro dolor y la ausencia de los nuestros no han pasado a formar parte de nuestra memoria histórica. Continúa y continuará siendo una realidad vivida a diario desde aquel fatídico 11 de marzo de 2004. Que a mí me conste, en ningún lugar de España existe una calle o plaza que recuerde la fecha de tan espantosa mañana. Ojalá Alcalá, que fue pionera en el sufrimiento, lo fuera también en esta iniciativa.

Estamos aquí para volver a agradecer la actitud profesional y humana de todos los que con su esfuerzo heroico ayudaron y ayudan a paliar las consecuencias del mal que nos tocó y nos toca vivir.

Estamos aquí porque los que queríamos saber la verdad mantenemos nuestra justa y digna exigencia con la misma intensidad que la que ya demostramos el día de la masacre.

Algunos se preguntarán quiénes somos y cómo vivimos las víctimas del 11-M. Hoy y aquí encontrarían a muchas. En el monumento de la Estación de Atocha figuran los nombres de los que hasta que Dios nos lleve junto a ellos apartaron para siempre de nuestro lado. Como veis, los que aún andamos por aquí somos personas de carne y hueso, igual que los que nos arrebataron, con nuestras virtudes y nuestros defectos; sin embargo, creo que nadie podrá negarnos que hemos demostrado durante estos cuatro años nuestra confianza en el Estado de Derecho; que no hemos reaccionado con odio ni aplicado la Ley del Talión ante la mayor agresión que pueda sufrir un ser humano; que hemos esperado pacientemente, aún sin éxito, a que el Estado de Derecho actuara sobre los que pensaron, ejecutaron, se beneficiaron y se benefician de los crímenes del 11 de marzo de 2004; que cuatro años después aún conservamos la calma ante la inoperancia de los que están obligados a explicarnos por qué murieron nuestros seres queridos; y que de sobra hemos demostrado que supimos soportar el silencio, el olvido, la utilización mezquina de nuestro dolor e incluso el desprecio de los que han de evitar, investigar, perseguir, juzgar, condenar y prevenir el crimen organizado.

No os he recordado lo que hemos demostrado con intención de esgrimirlo como elemento de chantaje. Lo recordé porque necesitaba compartir con vosotros lo que mi familia y yo vivimos cada día.

Si consideráis que no os he mentido y que nuestro comportamiento ante el dolor, ante la afrenta de unos terroristas y ante la respuesta inadecuada de los poderes públicos es el que os he reseñado, creo que estaréis de acuerdo conmigo en que es justo que algo podamos pedir a quienes tienen la obligación de ofrecernos lo que nos corresponde y como víctimas necesitamos: verdad, memoria digna y justicia frente al silencio, al olvido y a la utilización de nuestro dolor.

Por tanto, hoy, tanto como entonces, como siempre, como cuatro años atrás, recordamos a los que este domingo han sido elegidos diputados y senadores que no vamos a dejar de exigir la verdad hasta sus últimas consecuencias; que no vamos a renunciar a que se aplique la justicia sin ambages y sin componendas; y que no nos vamos a conformar en silencio con que los términos víctimas y atentados sirvan de arma política. Es mucho el sufrimiento que hay detrás de ellos para que se utilicen desde el desprecio y desde el partidismo interesado.

Rogamos que si, como nos dicen, realmente se quiere derrotar al terrorismo, se recupere la unidad de todos los grupos que nos representan en el Parlamento para que juntos puedan asumir el compromiso de recorrer los únicos caminos que servirían para derrotarle y que no son otros que corregir los errores y optimizar la prevención y recuperar y hacer cumplir las leyes que se han demostrado eficaces en contra de los que no dudan en asesinar a mansalva para imponernos su falta de valores.

Creo que si sus señorías fueran capaces de alcanzar lo que con tanta insistencia como escaso éxito le pedimos, España dejaría de ser el único país de Europa en el que el terrorismo marca no sólo la agenda del debate político, también el muy inquietante rumbo del que tendría que huir cualquier nación que como tal se quisiera a sí misma.

Por último, y si me permitís, quisiera compartir con todos vosotros unos versos que poco después de que asesinaran a mi hijo me envió desde Argentina un compañero de trabajo. A mí me ayudaron. Aún me ayudan a sobrevivir. Son fruto de la mente y del corazón de Quito Mariani:

En el dolor de la noche, recuerda que hay aurora
y busca en el futuro el secreto del ahora.
No llores al mirar que las flores se marchitan,
recuerda que las flores que mueren son semilla.
No dejes de estrechar con tus manos las de otros.
Rechaza la infecunda soberbia de estar solo.


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NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 8:07 pm 
Los peritos del ácido bórico

Gabriel Moris, 25 de junio de 2008

http://www.libertaddigital.com//opinion ... ico-44216/

Cuando se habla de los medios de comunicación y de su papel en una sociedad moderna y democrática con frecuencia se recurre a la ya manida denominación de "cuarto poder". Todos la hemos escuchado una y otra vez; sin embargo, no entendí en su totalidad el sentido de ese título hasta que asesinaron a mi hijo y fui consciente de que no sabía quién había sido. Muchos años atrás un grupo de periodistas estadounidenses fueron capaces de enfrentarse con éxito al que a pesar de ser el hombre más poderoso del mundo quiso apuntalar su poder sirviéndose de trampas. ¿Podría un grupo de periodista en la ya no tan joven democracia española enfrentarse con éxito a los hombres más poderosos de España?

Con razón y con frecuencia se duda de la actuación de la Justicia. Lo que no me impide reconocer que en alguna ocasión está a la altura de lo que cabe esperar de ella. Me refiero al proceso que se conoce con el caso del "ácido bórico". En un principio el asunto no parecía tener mucha importancia. ¿Qué tiene de extraordinario que unos peritos cumplan con lo que se les ordenó y reseñen en un informe lo que se encontró en el piso de un entonces presunto terrorista? Como en ocasiones anteriores y, atendiendo a lo establecido, los peritos se sirvieron del archivo de su Unidad y de forma rutinaria recordaron lo que en ellos constaba respecto a ETA y al ácido bórico. En ese preciso instante comenzaron sus problemas. Sus mandos policiales les exigieron que eliminaran de su informe cualquier referencia a la banda terrorista ETA.

¿Por qué sólo respecto al 11-M, y cuando casi toda la instrucción permanecía bajo secreto judicial se les exige a unos peritos que borren la más mínima y casual referencia a ETA? En cualquier caso, los peritos se negaron y Garzón no tardó en interrogarles. Los citó como testigos y los despidió como imputados. ¿Qué llevó a magistrado tan conocido a poner en tela de juicio la actuación de unos profesionales que no habían actuado de forma distinta a las anteriores y en el curso de informes semejantes? ¿Por qué se les has dispensado trato tan vejatorio? ¿Por qué son tan pocos los que han defendido su honor y su profesionalidad cuando a todos les consta que son perseguidos por negarse a cumplir órdenes que en conciencia no podían cumplir?

Estas reflexiones y preguntas responden a las noticias derivadas de la vista pública que ya ha finalizado y en la que se ha juzgado la actuación de la cúpula de la Policía Científica. Siento que lo que se conoce como "cuarto poder" no haya denunciado como merecía la actuación de unos mandos que, lejos de avergonzarse por obrar de forma delictiva e intimidante, insisten en advertirnos que de tener otra oportunidad actuarían de forma similar.

A la postre, el asunto del ácido bórico se está utilizando hábilmente para ocultar a la opinión pública el verdadero problema de los explosivos del 11-M y que se explican en la ausencia de muestras para realizar los análisis que nos permitirían conocer qué estalló en los trenes. ¿Quiénes son los responsables de que –al contrario de lo que siempre ha ocurrido en atentados semejantes– no existan muestras fiables que nos permitan conocer el explosivo que mató a nuestros hijos? Entre ellos jamás encontraríamos a los peritos que se negaron a falsificar un informe. ¿Encontraríamos a los mandos policiales que les ordenaron que borraran las referencias a ETA? ¿Encontraríamos al juez instructor? ¿Al ministro del Interior de turno?

Me sentiría aliviado si los medios de comunicación que dieron tanta información falsa o errónea –terroristas suicidas, metralla en los artefactos etc.– se sintieran interpelados por el grito de una víctima que sigue queriendo saber la verdad que ellos mismos han falseado y ahora tratan de ocultar o silenciar. El cuarto poder, al fin y al cabo, debe servir al pueblo indefenso y no a los poderes que arremeten contra los mismos ciudadanos que le otorgaron el poder.


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NotaPublicado: Lun Sep 08, 2008 8:08 pm 
¿Por qué nos niegan la paz de la verdad?

Gabriel Moris, 11 de julio de 2008

http://www.libertaddigital.com//opinion ... dad-44447/

Me hubiera gustado poder comenzar esta reflexión con cualquier otro encabezamiento. "La verdad incompleta", "la lucha por la verdad", "la trama descubierta", "una conspiración abortada", "la digna respuesta de un Estado digno", "el triunfo de la verdad"… pero no puedo. No quisiera resultar reiterativo pero creo que, como otras muchas víctimas, tengo derecho a que la sociedad, abrumada por tantos problemas y manipulada por todo tipo de informaciones, escuche el lamento de quien necesita que la nación a la que pertenece sea capaz de responder a su necesidad de verdad y de justicia.

Salvo una legión de médicos, enfermeros, psicólogos y sacerdotes, mienten con descaro muchos de los que presumen de que su primera prioridad fue la de atender a las víctimas de la masacre del Corredor del Henares. No es verdad. Si hubieran querido atender a las víctimas nos habrían ayudado a saber la verdad. Y, lejos de ayudarnos, lo impidieron. Lo impiden.

¿Cómo pueden presumir de que nos comprenden y nos ayudan si nos niegan lo que, tras lo ya no tiene remedio, más podría aliviar nuestro sufrimiento? ¿Por qué nos niegan la verdad? ¿Qué les lleva ofrecernos lo que nadie, por mal informado que esté, podría creer? ¿Por qué no sabemos qué estalló en los trenes? ¿Por qué, sin asumir la más mínima responsabilidad, culpan a los que controlaban o trabajaban para ellos? ¿Por qué nos niegan el consuelo de la razón? ¿Qué papel asumen nuestras instituciones en la seguridad de sus ciudadanos? ¿Nos podemos sentir seguros sin conocer lo que entonces ocurrió? ¿Estamos convencidos de que nuestras instituciones reconocen como cierto lo que nos han contado? Yo estoy convencido de lo contrario.

Si lo creyeran, no se opondrían permanentemente a rechazar cualquier tipo de investigación. Si lo creyeran, no descalificarían a quien pone en tela de juicio todo lo que no encaja en las versiones que a nivel de responsabilidades políticas o penales se nos ha dado como dogma de fe sin utilizar ni las pruebas indubitadas ni la lógica penal más elemental. Cualquier análisis medianamente crítico y racional que se haga sobre el conjunto de investigaciones, de comisiones de investigación y de la actuación de los tribunales que dicen investigaron el 11-M, pone claramente de manifiesto que la necesidad prioritaria para nuestras instituciones responde a la intención de no investigar hasta las últimas consecuencias, a la de sentenciar a la ligera y desde una orientación determinada, a la de pasar página a todo lo relacionado con este asunto sirviéndose de la inestimable ayuda que les llega de los más dóciles medios de comunicación que, sin poder creer una sola palabra, defienden lo imposible con el único objetivo de que todo quede en donde está y que no es más que en la nada que nos niega la verdad.

Termino como comencé. ¿Por qué presumen de estar junto a las víctimas del 11-M si nos niegan la paz de la verdad? Jamás me resignaré a la infamia que pretende que nos cansemos de preguntar por lo que no podemos dejar de preguntar. Quiera Dios que no se demore el día en el que nuestra necesidad pueda en verdad más que su poder para ocultarla. Entonces podré encabezar una reflexión reseñando la digna respuesta de una nación digna.


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Traducción al español por Huan Manwë