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22 de febrero de 2010
11-M LA INVESTIGACIÓN / Los vídeos del laboratorio
'¡Puff... dinitrotolueno!'
Las grabaciones muestran el desconcierto y la preocupación de los peritos de la Policía y la Guardia Civil cuando apareció de forma notoria y reiterada un componente que no está en la Goma 2 ECO y sí en el Titadyn / El jefe de la pericia, Alfonso Vega, exclamó: «Esto hay que confirmarlo... Entonces, en este caso... puede que haya otra carga explosiva. Y ya empiezo yo a dudar de los Tedax y a cagarme en la madre que los parió» / Mientras la sentencia dice que «los ftalatos son componentes de la Goma 2 ECO y no del Titadyn», los peritos coinciden en que «no los puedes atribuir a un explosivo» porque «son ubicuos, están en todas partes»
JOAQUÍN MANSO / MANUEL MARRACO
Madrid «¡Puff... dinitrotolueno!». El vídeo del análisis de los explosivos ordenado por el tribunal del 11-M exhibe la enorme zozobra que vivieron los peritos de la Policía y de la Guardia Civil tras el hallazgo del dinitrotolueno, un hidrocarburo que no forma parte de la composición de la dinamita Goma 2 ECO -la que tenían los islamistas- pero sí de la del Titadyn.
Fue el 6 de febrero de 2007. La cámara del laboratorio de la Policía Científica marcaba las 17.37 horas. Entonces, apareció. «¡Puff...!», resopló, estupefacto, el perito policial Andrés de la Rosa, mientras se dejaba caer sobre el respaldo de la silla. El técnico independiente Carlos Romero, junto a él, se alarmó: «¿El qué? ¿Qué ha pasado?». «Dinitrotolueno...», respondió, como derrotado, el primero. En medio de un gran revuelo y de la consternación de los técnicos oficiales, el policía jefe de la pericia, Alfonso Vega, reconoció la trascendencia de esa revelación: «En este caso, puede haber otra carga explosiva». Es decir: si hay DNT, hay otro explosivo.
iHasta las 17.37 no había pasado nada. A esa hora, se ve en la imagen al perito de la Policía Andrés de la Rosa y al independiente Carlos Romero Batallán, designado por la defensa de Jamal Zougam, mientras esperan frente a la pantalla del ordenador. Observan los resultados de la cromatografía de gases a la que acaban de someter una bobina eléctrica y varias piezas metálicas impregnadas de explosivo recogidas por los Tedax en el tren de El Pozo tras la matanza del 11-M. Es la muestra etiquetada como M-6-12-D.
Las primeras conclusiones que ofrece la prueba disgustan al químico oficial, aunque parece tomárselas como una coyuntura rutinaria. «Aquí hay mucha porquería que hay que estudiar», dice, sin darle demasiada importancia. Pero, de pronto, todo cambia. El cromatograma revela un pico inesperado y De la Rosa encaja el golpe de manera instantánea: «¡Puff...!», resopla, y al mismo tiempo hace un movimiento de cabeza hacia atrás, se recuesta a peso sobre el respaldo de la silla y levanta de forma inconsciente la mano izquierda para luego dejarla caer, como quien se sabe metido en un buen lío.
«¿El qué? ¿Qué ha pasado?», le pregunta, con tono de alarma, el perito de la defensa. El técnico de la Policía le responde, en tono de decepción: «Dinitrotolueno...».
- ¿Qué?
- Dinitrotolueno.
- ¿Di-ni-tro-to-lue-no?
- Éstos son los dos isómeros del DNT...
- ¿Del?
- Del DNT...
Uno y otro actúan como si no diesen crédito a lo que están viendo. De repente, la tesis de la Fiscalía y de la Comisaría General de Información había quedado en entredicho. ¿Es posible que en los trenes estallara algo distinto a la dinamita que sacó Emilio Suárez Trashorras de Mina Conchita para los islamistas? A sólo una semana del juicio, se abría la puerta a la participación de otros actores en el atentado.
De la Rosa se levanta y corre a dar la noticia. Inmediatamente se produce un gran revuelo frente al ordenador conectado al cromatógrafo de gases. Quienes más zozobra expresan son los peritos de la Guardia Civil, los tenientes Carlos Atoche y José Luis Ferrando, que miran una y otra vez los resultados del cromatograma para comprobar que el dato es cierto. Dos minutos después, aparece el técnico de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, Antonio Iglesias -autor del libro Titadyn-, acompañado del jefe de la pericia, Alfonso Vega. Éste parece desconcertado: «¿Sale DNT? ¿Sí?». «Sí», contesta Romero Batallán.
- Esto ya... Esto hay que trabajarlo mucho... , titubea Vega, sorprendido y desbordado por una situación indeseable para él.
- ¡Esto hay que sudarlo, macho!, le inquiere Romero, con sorna.
- ¿A ver? Déjame que mire..., dice el jefe de los análisis mientras se acerca a la pantalla del ordenador.
- Sí que sale, sí, insiste el perito de la defensa.
- ¿Habéis echado blanco [metanol] antes?, pregunta Vega para cerciorarse de que la prueba está, efectivamente, bien hecha.
En unos segundos, él mismo parece convencerse: «Pues sí que sale, ¿eh?». Pero aunque admite que «prácticamente no hay duda», pone en marcha de nuevo el cromatógrafo para efectuar un segundo análisis. La cámara del laboratorio capta un verdadero cuadro revelador durante los minutos de espera a que se lleve a cabo, otra vez, el proceso de adsorción.
Los peritos oficiales se comportan intranquilos, acongojados, tensos. Especialmente afectados parecen los dos técnicos de la Guardia Civil, que caminan de un lado a otro sin ir a ninguna parte, se atusan los cabellos, se palpan la frente o se tapan la boca mientras resuellan, transmitiendo sensación de aflicción y de agobio. Vega reacciona de otra forma y habla de manera casi compulsiva con Antonio Iglesias, que se limita a escuchar y a tomar notas.
Por la boca muere el pez. Es en este lapso de nervios cuando el jefe de la pericia se confiesa, sin que nadie le pregunte: «Esto... Esto hay que confirmarlo... Esto hay que confirmarlo vía HPLC [la técnica de la cromatografía líquida], ¿eh? Esta muestra hay que extraerla de nuevo en HPLC, porque entonces, en este caso... puede que haya otra carga explosiva [otra dinamita]. Y ya empiezo yo a... a dudar de los Tedax. Y a cagarme en la madre que los ha parido». A medida que avanza en este soliloquio entrecortado, la mirada comprensiva y hasta cómplice del perito de la Guardia Civil Carlos Atoche le anima a expresar esas reservas hacia la actuación del equipo de artificieros que dirigía Juan Jesús Sánchez Manzano y hacia las tesis oficiales. Como si ambos ya lo hubiesen hablado antes.
El complejo aparato vuelve a retener el DNT en el momento adecuado. Y ya no hay duda. Alfonso Vega mira el reloj en un gesto forzado, hincha los carrillos de aire, lo expulsa, se levanta y sale de la habitación.
Se quedan, dando vueltas en círculo, los peritos de la Guardia Civil con el de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Gabriel Moris, que ha asistido a toda la escena fuera de cámara, apostillando algún comentario con escepticismo distante. El técnico del Instituto Armado Carlos Atoche resume apesadumbrado en ese instante su sentimiento y, probablemente, el de los cuatro técnicos oficiales: «Nos vamos a hacer famosos, ya verás». Pues sí.
Tres años después, Romero Batallán recuerda que «hubo un antes y un después» en el comportamiento de los peritos oficiales. «Nosotros [los técnicos independientes] no íbamos buscando nada y ellos tenían absoluta confianza en que no iba a aparecer nada. Por eso, de repente, se extrañaron de todo», relata.
El perito de la defensa rememora cómo el técnico policial Andrés de la Rosa «se quedó blanco, lívido» cuando vio en la pantalla del ordenador el pico del cromatograma que delataba la presencia inequívoca del DNT en la muestra del tren de El Pozo. En ese momento, hubo en el laboratorio «un movimiento tremendo».
El DNT fue detectado después en todos los focos de los trenes. También -con un apagón mediante, que motivó que durante una noche dejase de grabarse lo que sucedía en el laboratorio- en muestras de dinamita que no había sido explosionada. Incluso en algunas que no habían dado positivo cuando fueron analizadas tres años antes, como las tomadas de la furgoneta Kangoo o de la mochila de Vallecas. Esto dio pie a sucesivas teorías de la contaminación -en fábrica, en el laboratorio de los Tedax...- que fueron decayendo. Ninguna fue asumida por el tribunal y casi todas han sido refutadas por métodos científicos.
LOS VÍDEOS DE LOS ANÁLISIS DE LOS EXPLOSIVOS DEL 11-M REFUTAN LA SENTENCIA
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«Nos vamos a hacer famosos, ya verás» Esta captura del vídeo es suficientemente ilustrativa de la aflicción con que recibieron los peritos oficiales la noticia de que una muestra del tren de El Pozo había dado positivo por dinitrotolueno. El policía jefe de la pericia, Alfonso Vega (dcha.), se retira del laboratorio, visiblemente contrariado, tras realizar una prueba que confirmó el dato. El técnico de la Guardia Civil José Luis Ferrando se lleva las manos a la cabeza. Ya nada encaja. Detrás aparece el químico del Instituto Armado Carlos Atoche, que se lamenta: «Nos vamos a hacer famosos, ya verás». Pues sí.
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